viernes, 30 de octubre de 2015

La maldición de Merlín

Mi cielo son pinceladas de alguien que olvidó como pintar.
Que dio su atmósfera para fumar
y un suelo para la indigencia.
Que le cerró la puerta a la indulgencia
y sin darse cuenta le dio paso a la bonanza.
Bonanza que acarrea bolsas negras de basura inagotable
que entierra en el suelo para evitar el mal olor y los zamuros.

Hay infinitas bolsas negras.
Hay lágrimas, preservativos, aditivos químicos
y otras esencias más naturales.

En las puertas de éste basurero,
hay un pequeño letrero que te sugiere abandonar toda esperanza.
Sugiero dejar alma y cuerpo también fuera de éste lugar,
ya que es imposible caminar en o a través de él.

En algún punto, entre bolsas de basura, encontré algunas tragedias shakesperianas,
y otras menos literarias pero igual de fatales.
Recuerdo cerrar los ojos y sentir el hedor.
Me atrevería a decir que podía, o al menos intentaba, alejar la nube de peste de mi rostro.
Pero solo conseguía el efecto contrario.
¿Será que la gente algún día entenderá que las bolsas negras no tienen el fin que ellos creen?
Botar la basura en bolsas negras es quizás una de las mentiras más grandes del mundo.
Las bolsas negras solo contienen los hechos físicos.
Pero los emocionales se filtraran por cualquier hendidura... Y yo lo veo.

Desafortunadamente para el mundo, soy un mal lector de primeras planas
y un ignoto aplicando medidas punitivas sociales discretas.
Tan discretas como una aguja en un pajar,
como una gota de agua dulce en el mar,
o un cliché para un ávido lector.

Para fortuna de alguien, tengo como oficio el arte,
y como método escribir.
Aunque aún no sé si es para leerme o para que me lean...
Mucho menos sé si estoy en este mundo para mi o para los demás...
Y se me acaba el tiempo despierto al preguntarme si estoy aquí para que me crean,
o para creerme.

Soy de esos que se despierta pensando que está viviendo
y al terminar el bocado del desayuno se pregunta si esta muriendo.
También soy de esos que cree que el momento oportuno
es un lujo de los azarosos que tienen como creencia la onmipotencia,
onmipresencia o de aquellos ateos fundamentados en la imposibilidad de la onmiciencia.

Soy aquel que abandonó el océano de trivialidades,
por un charco de algo que desconoce el nombre.
Soy aquel que abandona la luz de su cuarto para entrar a otras habitaciones,
donde los terrores imperan y doblegan tu ímpetu...
Son esas habitaciones donde los monstruos son tan reales, como lo eres tú.
Son de esas habitaciones en las que metes basura, hiede a soledad
y sigues siendo, lo quieras o no, tú.

Solo veo basura
¿Algún día parará esto?
No sabía que éste iba a ser el precio que iba a tener que pagar para poder ver.
¡Devuélveme mi observación trivial! Antes de que sucumba...
Por favor, enséñame a usar lentes, paraguas o un impermeable...
Déjame estar en mi cuarto con las luces apagadas sin ver nada,
permíteme cerrar los ojos, por favor.

-Aún no Merlín, aún no.

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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.