Tres tristes tragos tragué,
Eres tú,
es el otro,
ya no sé.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
Crónicas equiláteras,
condenado
a los ciento ochenta grados
que dictan los teoremas.
Esencialmente triangulado,
en postulados vigilados,
por un policía corrupto.
Convicto de bocados;
Mejor dicho, bocanadas,
Peor dicho, soplos.
¿Dónde entrenas tus mentiras?
En las mañanas,
supongo yo.
Allí, sólo allí,
entre miércoles y domingo,
donde repta el no te creo
junto a quién es él.
Escúchame un minuto
y perdóname un siglo:
No te entiendo.
Subes despreocupada
mientras me angustias con cada conversación.
Cada gesto involuntario,
caricia donada,
o beso prometido,
me hace sentir que me amas.
Luego, con un gesto roto,
tus fragmentos se clavan
en mi piel,
matándome…
Solo aquí te admito que:
Soy infeliz
y tu sonrisa me parte.
Asi que sonrio por partes
a ver si con alguna eres feliz.
Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.