Me aislaba sin saber pero
queriendo.
Acostado en mi cama esperando que
el mundo pase
y que pase sin mí.
Mentira.
Espero que pase pero que me lleve como una marea
suave,
cálida,
cordial.
Estoy cansado de este mundo
hostil que se caldea,
y me hace iracundo,
inoculando en mi una rabia,
la cual fecundo en el que me
escucha...
yo mismo.
No comprendo el miedo que me
frena,
ni la rabia que me invade.
Quiero compartir una cena,
en silencio,
mientras suena la clave.
Alguna percusión leve que me haga
olvidar del futuro,
y del reverberar del pasado.
Vivo en este presente tan
asustado,
que cambié el "Ar" de
mi nombre por "Tor".
Tanto me pesa la angustia,
que la siento como el martillo de
Thor,
y yo no soy ningún hijo de Odín.
No sé si mi/la ayuda llegue,
y a veces no sé lo que mi alma
persigue.
Pero aquí sigo hasta que mi
motivación se hostigue
y llegue la calma.