Querida melancolía,
puntual pero sin cita.
Me indigna que sepas que eres ingrata
pero por mi forma de ser, siempre bienvenida.
En horario estelar, como de costumbre.
Hay sobras sobre la mesa.
¿Que si sobras? Por supuesto, es octubre.
¿Dónde esta la cortesia? Eso es para la visita o para la realeza.
Mi política de puertas abiertas me condena.
Me condena a recibir visitantes indenseados.
La puerta queda abierta de par en par con una cadena...
Una cadena de pensamientos indeseados.
¿Puedes comer y largarte?
Siento que larga será esta espera que me come.
¿Puedes aunque sea hablarme?
Silente y de mar genio, sin importar lo que tome.
¿Ni las gracias antes de irte? No me sorprende.
Incordiando solo para comer, como siempre.
No sé a qué viniste y sin decir nada te has marchado,
solo me queda una mesa sucia y un último bocado.