Que irónico es negar la calma distante
y escoger el conflicto presencial.
Se romantiza la distancia agobiante
y se minimiza el dolor digital.
Quizás simplemente soy un masoquista.
Disfruto que me peguen para sanar.
Quizás es solo eso, un masoquista
que busca que le peguen para poderse quejar.
La palabra sin presencialidad es soga.
Soga que raja y ahorca...
Siento, y cuanto lo siento, que esta vida se acorta
con este amor digital.
Es doloroso saber que las manos que escriben esto
son las mismas que extrañan los textos.
Es irónico saber que escribir no es mas que un pretexto
para volver a sentir esa caricia digital.
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