-¿Quieres viajar?
¿A donde?
-Quizás preguntar por el final no sea la mejor pregunta.
Tampoco podría afirmarte que tengo una mejor pregunta que hacerte.
Pero sí hay algo en particular
¿Te gusta viajar?
Depende de hacia donde
-La estación final es en efecto la muerte.
La primera estación se llama nacimiento.
Conseguir pasajes, a veces, es cuestión de suerte...
Aunque la suerte es un elemento difícil de tratar.
¿Me invitas a morir?
-Y dime, Alicia, ¿Cómo evitarlo?
Dime ¿Que transportista te gustaría en tu pasaje?
Aquel que te promete el viaje mas bello,
o aquel que te dice que la vida, al igual que el viaje,
es una centella, una ráfaga de polvo de estrella, un viaje con un sin sentido.
Me haces pensar en un viaje en una balsa.
En un río con una corriente implacable.
Un viaje terminable en un abrir y cerrar de ojos.
-¡Maravilloso! ¿Cómo es el río?
Cristalino y sofocante...
De hecho es asfixiante, como cualquier río, si te inmerses mucho tiempo en él.
-¿Puedes ver a través de él?
Sí, pero sólo veo reflejos.
Los veo nacer y crecer...
Un momento ¿Es este río temporal?
-Hecho del tiempo mismo.
Pero no es tu tiempo o mi tiempo, es EL tiempo.
Indomable, incontenible, insaciable e indestructible.
Solo es visible si lo piensas mucho.
También es asfixiante si solo piensas en él.
¿Cómo veo el pasado?
-Cerrando los ojos.
Y ¿El futuro?
-El futuro lo verás, o no, en esta balsa.
¿Esta balsa viaja en el tiempo?
-¡Por supuesto! Tu también lo haces mi joven Alicia.
Sólo hay una manera de viajar en el tiempo.
Así que, sin más preámbulo:
¡Bienvenida al único transporte hacia tu final!
¡Bienvenida a tu, y el único, presente!
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
lunes, 26 de octubre de 2015
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