Tengo los parpados entumecidos por el asombro.
Tengo atragantares de saliva que me causan asma.
Tengo tanto temblor en el pecho...tanto nervio sobre mi hombro.
Tengo puesto un chaleco de dudas que a veces me aplasta.
Tengo mis incertidumbres, quizás producto de malas preguntas
o buenas preguntas que no sé como responder.
Tengo ganas de no entender apropósito,
como aquel que se auto-sabotea para no llamar la atención...
Como aquel que se cohíbe para alejarse de la impresión...
O como aquel infante nervioso que sucumbe ante la presión.
Tengo choques de saliva en mi traquea
producto de tragar palabras que debieron decirse.
Tengo un dolor de garganta
por palabras que rasparon desde mi paladar hasta mi estómago.
Son palabras tan calientes que me impiden catar su sabor,
tan calientes que no producen olor
y tan espeso como el alquitrán...
Y lo peor es que esa masa espesa sube y baja desde mis intestinos
y se atrinchera detrás de mi lengua.
Quizás sea por eso que tengo nauseas.
Quizás sea también las razones por las cuales quiero inducirme el vómito...
Quizás abandoné la calma o se la llevo el drenaje
o capaz este mensaje deba terminar en las alcantarillas y no en el aire.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
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