Olvidé.
Olvidé como se olvida la luna en el medio día.
No sabría decir si fue obra de lo causal, lo casual o mía.
Solo sé que la perdí,
perdí el amor que era lo único que me pertenecía.
Y decidí olvidar.
Olvidar como olvido las estrellas durante el día
o la orilla en el medio del mar.
Tanto olvidé
que olvidé la razón de este poema,
la causa de mi faena
y el porqué de esta cascada en mis pómulos.
Tanto olvidé que ya no sé que siento al mirar el cielo
o a aquella linea imaginaria que divide cielo y mar.
Tanto olvidé que no recuerdo como pensar
y sólo me limito a dejar ir mi sueño durante la madrugada.
Te vi desaparecer abrupta, pero también lentamente.
Te vi desaparecer ante mis ojos y ante los ojos de la gente.
Desapareciste ante los ojos de todos los que te conocían,
también, lentamente, desapareces de mi mente.
Desaparece el verbo y el sustantivo.
Pierdo el sentimiento y lo que he sentido.
Pierdo la acción y lo vivido.
Se me ha olvidado como amar y no sé donde tengo el amor escondido.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
domingo, 8 de noviembre de 2015
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