domingo, 22 de noviembre de 2015

Playa

Un cielo de puntillismo centellante,
una luna tan llena como en mi mente su sonrisa,
una fogata dando origen a sombras
que danzan placidamente en consonancia con los cuerpos.

Canciones con origen en el lugar;
desentonamos, improvisamos, inventamos;
y a propósito, con fines cómicos, nos equivocamos.
Algunos tocan la guitarra, otros la percusión
y otros cuerpos.

¡Oh! Casi se me olvida mencionar que hay palabras.
Palabras en tan bajo tono que se pierden de su boca a mi oído.
Quizás sea prudente que se acerque, o me acerque, más.
Me acerqué con la excusa de su oído,
le digo, a su oído, que hay palabras que suenan mejor de boca a boca.
Ella me dice que tiene perfecto sentido, así que empezamos a hablar
de boca a boca, de cara a cara y de cuerpo a cuerpo.

Hablamos como si hubiesemos nacido mudos, con un lenguaje
de señas tactíl al roce de piel.
Entendí su piel por sus erizadas en Braille
y sus suspiros indomables que luchaban con los míos.

Nada tuvo sentido, y seguramente no lo tendrá mañana.
Pero aquella noche estrellada de fogatas, sombras y luna,
mi mano entendió su cuerpo sobre aquella toalla
justo antes de quedarme rendido.




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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.