Un cielo de puntillismo centellante,
una luna tan llena como en mi mente su sonrisa,
una fogata dando origen a sombras
que danzan placidamente en consonancia con los cuerpos.
Canciones con origen en el lugar;
desentonamos, improvisamos, inventamos;
y a propósito, con fines cómicos, nos equivocamos.
Algunos tocan la guitarra, otros la percusión
y otros cuerpos.
¡Oh! Casi se me olvida mencionar que hay palabras.
Palabras en tan bajo tono que se pierden de su boca a mi oído.
Quizás sea prudente que se acerque, o me acerque, más.
Me acerqué con la excusa de su oído,
le digo, a su oído, que hay palabras que suenan mejor de boca a boca.
Ella me dice que tiene perfecto sentido, así que empezamos a hablar
de boca a boca, de cara a cara y de cuerpo a cuerpo.
Hablamos como si hubiesemos nacido mudos, con un lenguaje
de señas tactíl al roce de piel.
Entendí su piel por sus erizadas en Braille
y sus suspiros indomables que luchaban con los míos.
Nada tuvo sentido, y seguramente no lo tendrá mañana.
Pero aquella noche estrellada de fogatas, sombras y luna,
mi mano entendió su cuerpo sobre aquella toalla
justo antes de quedarme rendido.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
domingo, 22 de noviembre de 2015
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