lunes, 7 de septiembre de 2015

Pensando en voz alta

¡Infame! El yugo que le cae al pensador de voces altas.
Dichoso el jugador que vocifera lo que piensa.
Y será digno aquel que se atreva a compartir su mas transparente esencia
sin importar de lo que de él salga.

Injustamente a ellos les cae el control de la mayoría.
Ese asqueroso látigo lleno de púas que lo encasilla como minoría y
lo tilda con aquellos adjetivos calificativos de loco,
brujo, soñador o incompetente.
Esos que parecen no vivir en el presente
y que parece que no sabe donde esta parado.

La sociedad vive de mayorías porque las necesita.
El pensador vive de las ideas porque es lo que lo incita.
Incitar... ¿A qué?
Si esta cochina sociedad reprime al diferente
o lo deforma para que sea igual.
En mi opinión, sin humildad, no es fuerte el que no se doblega;
es fuerte el que de la fractura construye una unión más fuerte.

Para todo aquel que prefiera nuestro silencio,
le sugiero vendarse la boca.
Para aquel que no entiende lo que digo,
releeame hasta que se disguste.
No intente cambiar la manera de pensar de alguien
solo por su mísero y básico capricho.

Para aquel que quiera ruido, use su altavoz.
Para aquel que quiera sonido , use sus cuerdas vocales.
Ya es suficiente que el libre pensamiento intelectual este prohibido
para mantener esta farsa de efectos sociales.

Todo aquel que acorrale a un coloso
tenga cuidado de su apariencia mansa.
Ya que hasta tu Dios se cansa.
Y cuando lo hace causa destrozos.




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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.