A veces, cuando cierro mis ojos, veo un anciano de cien años
con el cuerpo de treinta.
Siento el agua de la ducha que recorre mi cuerpo directo al caño
y yo de pie sintiendo el agua caliente.
Quizás sea por eso que prefiero bañarme con los ojos cerrados
y agua bien fría.
El frío alivia mi cuerpo cansado
y mis párpados abajo dan descanso mi mente.
No sé si la paz es ciega o la guerra un observatorio.
No sé si la felicidad premia al detallista o al que sólo mira lo obvio.
No tengo la menor idea porque la mayoría nace con el don de la vista
pero pocos con el observación.
A mi punto de vista , mas entiende un ciego escuchando con atención
que un vidente observando por curiosidad.
Y aun así mas parece tener peso la visión al momento de certificar una calamidad.
Todos somos tan diferentes que estamos en la mismas macrosociedad.
Todos somos tan semejantes que buscamos pertenecer al mismo grupo.
Ya no sé que redactar, para poder palpar, la involución humana directo a lo bruto.
Creo que sólo me queda rezar a la humanidad y esperar .
Y sin querer abrí los ojos y me topé con el mismo cuerpo golpeado,
una mente cansada,
y una ducha mojada en el que navega mi cansancio confundido.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
lunes, 21 de septiembre de 2015
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