jueves, 4 de diciembre de 2025

Frunciendo el ceño

Frunciendo el ceño,

como albañil de antaño.

Esforzándome para atrapar , o conciliar, el sueño

con el cual me engaño.


Y me engaño para dormir y andar,

para vivir o hablar,

para tener algo de que conversar

a ver si vivo de y con este engaño.


Pero ¿a quién engaño?

Me importa poco lo que mucho importa

y en esta época se importan archivos

y se exporta  el agua.


Al final ¿A quién engaño?

al metal siempre le llega el óxido,

Chernobyl seguirá siendo tóxico,

y yo sigo frunciendo el ceño cada año.


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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.