Frunciendo el ceño,
como albañil de antaño.
Esforzándome para atrapar , o conciliar, el sueño
con el cual me engaño.
Y me engaño para dormir y andar,
para vivir o hablar,
para tener algo de que conversar
a ver si vivo de y con este engaño.
Pero ¿a quién engaño?
Me importa poco lo que mucho importa
y en esta época se importan archivos
y se exporta el agua.
Al final ¿A quién engaño?
al metal siempre le llega el óxido,
Chernobyl seguirá siendo tóxico,
y yo sigo frunciendo el ceño cada año.
No hay comentarios:
Publicar un comentario