Así de crudo empiezan estas líneas.
Probablemente así de rústicas terminen.
Era una clásica conversación de dos personas
que terminan siendo tres por razones varias.
Puntualizar me puede llevar a justificar
y yo aquí me puedo dar el lujo de ser injusto.
Narrar un evento simple con la premisa de ser complejo
es tildar de pendejo
las habilidades del oyente.
Contar una historia ininteligible para que el otro se pierda en el proceso
no es más que una forma diferente de cinismo.
Podría comentar que quizás ni el narrador se entiende.
Pero eso sería justificar al otro
y aquí en esta prosa no se negocia con terroristas.
No se admiten opiniones contrarias a las escritas.
Hoy por aquí solo pasa una única recta.
Y la razón de esto en sencilla:
todo punto que conecta conmigo siempre tiene
otro punto gravitando.
Y yo, cual paso peatonal
termino ayudando a que el otro
transite seguro en estas calles desconocidas
del mundo del otro.
Y todo termina como empezó,
el otro en el otro lado de la acera
con la persona que había puesto en espera
mientras aprendía a transitar en la calle conmigo.
Todo termina como empezó,
con la frase melancólica de: "no eres tú soy yo"
con alguien que no eres tú.
Todo termina como empezó,
yo siendo una parada de autobus, el autobus y el yo
que termina solo.
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