lunes, 23 de marzo de 2020

Sinsinat en Bucarest

Hay una melodía en mi cabeza,
como un Sinsinat en Bucarest
que acabaré
en algún momento
por dónde empecé;
es decir, inventando palabras que no sé
solo para poder ponerle nombre a eso
que tampoco sé qué es.

La melodía en mi cabeza es triste y desolada
ahumada con leña vieja
y cansada.
Mi boca está cerrada y mis ojos abiertos.
Mis ojos se comunican con mi boca
por el agua en mis mejillas.
Ya las cosas no riman
y esta idea loca
me hace trizas la boca
y aun no rima.

Sigo pensado qué es el Sinsinat en mis mejillas
y porqué hice alusión a Bucarest.
Porque el Sinsinat va más allá del lugar por dónde corren las lágrimas
pero no tan allá como para desaparecer.

¿Cómo se consuela sin cinismo
cuando la persona que ves llorar
no es más que por cansancio de sí mismo?

Todos hablan de tapar el sol con un dedo
pero nadie menciona cómo engrapar
dos mitades para juntar un abismo.

Nadie habla de cómo se cose un suspiro cortado por el llanto,
cómo se detiene un alboroto,
cuántas cortadas llevan tus manos para pegar un espejo roto,
ni dónde está la línea para saber qué tanto ya es demasiado.

Nadie dice nada.

Y yo tampoco.

Así es mi Sinsinat en Bucarest, silencioso.



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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.