lunes, 30 de diciembre de 2019

Un corto poema decembrino

Sin pensarlo encontré un espacio
en un cabello corto y lacio.
En alguien pequeña en varios sentidos
pero enorme en otros.
Con una historia compleja cuando ella cuenta
sus pasados nosotros.
En un azul tan denso y profundo
que todo lo que este debajo de la superficie
debe estar roto por la presión del mismo.

En ese mar me quise aventurar a hacer apnea 
a pulmón.
A sentir sin razón
Y a sonreír con motivo.
Cosas que no me había permitido
y que tuve la fortuna de que ese sentir es recíproco.


Eres...

Mucho cielo y
Agua que
Ríe y llora en silencio.
Inevitablemente
Ansiosa de calma pero
No la encuentra por mucho tiempo.
Alguien que sabe ir a mil por hora pero le cuesta
Relajarse.
Imagino lo que piensa cuando me escucha.
Varias veces le pregunté que sentía o pensaba.
Algunas veces solo sonreía al verla y
Sin darme cuenta la besaba a ojos cerrados.

Una magia que genuinamente encanta a cualquier piedra
y que sin mucho esfuerzo me encantó.
Es un llanto silente que ansía calma
que espero poder abrazar 
ese rincón de su alma que sufre ante el contacto.
Quizás porque siento que ese abrazo aliviaría dos vidas
y varias cargas.
Y a eso se le suma que cuando cierro los ojos
veo su cuello y espalda.
Sus antojos y calma.
Lo que la fortalece y su complejo con las lagañas.
Sus inseguridades y cómo estas la engañan...

En fin, veo un mundo con cielo y mar
cómodo de orbitar
dónde se puede crecer y cambiar
cómoda y naturalmente.







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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.