Sin que fuese la meta
me convertí en un devorador de planetas
adicto a la gravedad.
Una estrella con tanta intensidad
que desviaba cometas
deformaba el tiempo
y daba espacio para orbitar.
El tiempo me volvió un sistema solar
que daba vida al mar
y quizás en el proceso calcinaba al propio.
Y, desde mi propio telescopio,
ahora soy una masa estelar
muy densa de explicar
dónde todo puede entrar
pero no sale ni lo propio
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
sábado, 18 de mayo de 2019
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