Buenas tardes señores pasajeros
disculpen la interrupción.
Vengo a narrarles una cuestión
que quizás a algunos no interese...
Sufro de epilepsia,
y no encuentro anticonvulsivos...
Vivo en pobreza extrema y tampoco sé leer.
Debido a que no encuentro la medicación
mi situación se está agravando,
no estoy trabajando,
debido a mi condición.
Ayer durante una convulsión
me fracturé el brazo derecho,
me rompí una costilla del pecho
y estoy llorando del dolor.
Solo vengo a pedir una colaboración,
para comprar un medicamento de tres mil bolívares.
Estoy consciente de lo difícil que está el país debido a la situación,
pero les ruego puedan ayudarme, muchas gracias.
Todo el mundo abrió sus carteras,
y pude ver que también su corazón,
se me salió una lágrima de la alacena
y le di todo el dinero que cargaba a ese señor.
Muchas gracias señores pasajeros-dijo llorando-
No pensé que conseguiría tan rápido el dinero...
Si no es mucha molestia les puedo pedir un
último favor ¿pueden ayudarme a contar el dinero
para saber cuanto me falta?
Se acercó un muchacho universitario que lo ayudó a contar.
Pasado unos minutos exclamó que le faltaban trescientos bolívares...
No habían pasado ni diez segundos cuando un señor
se levantó con tres billetes de cien en mano.
El universitario le dijo al señor que recolectaba el dinero
que ya tenía los tres mil bolívares para que comprara
su medicamento-mientras le devolvía el dinero en orden a su denominación-.
El señor suspiró de alivio... como aquel que sosiega un mal.
Y este humilde narrador no logró aguantar, por más tiempo, las ganas de llorar
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
jueves, 26 de mayo de 2016
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