entrar al infierno que al cielo.
Estaba abriendo yo una puerta
que parecía abrir con cualquier llave,
incluso la más torcida.
En la puerta había un letrero que decía:
Entrada prohibida.
Pero la promiscuidad de la puerta ante cualquier
llave parecía indicar lo contrario.
Luego de meter la llave y girarla para activar los engranajes
la puerta se abrió rapidamente de par en par;
la brisa me empujó hacia atrás
y mi piel se erizó ante unos halaridos salvajes...
yo no quería avanzar pero no sé en que momento
ya estaba adentro y la puerta promiscua se había esfumado.
"Malvenido" decía un letrero oxidado
que juré era un chiste de mal gusto.
Pero sin duda el bien se había acabado
y lo que venía distaba de una bienvenida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario