La vicisitud del hombre austero varía según el color de su esencia,
presencia,
o quizás la suma de sus cuartas partes sin sumar el todo.
No es cuestión de hablar.
Tampoco se puede educar al hablante para saber cuando conversar.
Es mas bien un análisis contextual, más que personal,
debido a que,al hablar, estas violando la homeostasis que el silencio hace.
Un sutil baño de sudor,
o lágrimas.
Lágrimas absorbidas por tus propia piel...
Y sin poder arrancarlas de ahí.
Es cielo y infierno.
Es purgatorio e intento de velorio...
Es una marcha nupcial, con elegancia marcial
y el amor embalsamado en pleno acto mortuorio.
Es la sonrisa espeluznante de un hombre que pierde todo
en una vida que al final te quita todo.
Es como aquel azar maldito que en tu vejez te despoja de tu memoria,
y te deja en silencio junto a incertidumbre y olvido.
Es aquel lenguaje de señas,
o aquel guiño de ojo.
Pueden ser las expresiones corpóreas mas pequeñas
o aquella experiencia previa asociada al color rojo.
Es la melancolia de un hasta nunca,
o hasta aquí lo referente al primer pronombre personal del plural.
Son las maneras de transmutar el amor , y dolor, de un poeta
Y, para algunos, la forma de hablar con su Dios.
Es la vicisitud contextual de la palabra,
según el sujeto.
Son los oídos que escuchan, o no, aquellas palabras
que pueden ser, o no, dirigidas mismo sujeto.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
martes, 18 de agosto de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Amor
Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.
-
Escribí textos que decid í borrar por no discutir, no me sale explicarme. Discutimos siempre: por teléfono, en persona, con mis amigos, con...
-
Estaba siguiendo el sonido de los pocos: pocos amigos; pocas ideas; pocas caricias. Poco a poco me fui acercando a lo que a pocos le importa...
No hay comentarios:
Publicar un comentario