Todo empezó con un cruce de miradas.
Seguido por mi boca produciendo sonidos.
Sonido que tiene por destino su oído...
Por ahora.
Luego hubo un cambio de roles.
Ahora su boca musitaba palabras.
Mis labios ejecutaban muecas en silencio,
mientras analizaba aquellas palabras.
Ahora...
Ahora eran ambos oídos en sintonía,
apreciando el silencio del mar.
Solo era valido callar,
todo lo demás sobraba y rompía con la armonía.
Me atrevo a romper el silencio.
Pero, desafortunadamente, con palabras inadecuadas.
Sentí que coloqué el ambiente tenso,
hasta que noté una sonrisa, muy sutil, en su rostro grabada.
Luego...
Eran tus ojos y los míos.
Eran mis oídos y los tuyos.
Ahora, en este momento, era solo mi boca.
Y esta vez mi boca era mejor que el ruido.
A continuación...
Era cercanía entre dos cuerpos.
Era respiración compartida.
Era esa momento incierto
de acercar tu alma a la mía.
Era una vista ciclópea.
Era una fantasía
Era nuestras narices, y respiraciones, en sincronía la una con la otra
Era tu boca besando la mía.
Y todo terminó con el despertador,
el desayuno en el comedor
y un estado de confusión abrumador.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
miércoles, 1 de julio de 2015
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