miércoles, 3 de junio de 2015

Guerra

Desenfundó el arma,
la apuntó directo a su sien,
cerró los ojos tan fuerte que vio su alma,
Y  ,aunque era poco creyente, se escuchó un amén.

Esta, es la historia de un soldado y su esposa
La cual quedó en cinta mientras él no estaba de servicio,
ellos habían hecho el amor entre rosas
Y el amor había creado en su vientre unos mellizos.

Luego de los tres meses del embarazo de su mujer,
tuvo que volver al cuartel.
Ya que el capitán lo había llamado
Para que cumpliera su deber.

Sabía que no vería ver a sus mellizos nacer
Así que se disculpo, entre lágrimas, con su mujer
Ella ,con una sonrisa hermosa, lo besó en los labios
y le hizo prometer que volvería para verlas crecer.

Él lo juró devolviéndole el beso,
y así ella se quedo  tranquila,
salió de la puerta de su casa, al cuartel, con un enorme peso,
el peso del deber de servir a su país y regresar a casa con vida.

Estuvo 3 años sirviendo a su país
Y por fin el soldado regreso a su nación
Regresó a su casa, y al tocar la puerta, su esposa no podía estar más feliz.
Pero la felicidad se apagó al ver que su esposo había perdido la visión.

Él le sonríe y le dice que solo perdió la visión,
pero que intacto sigue su amor por ella y sus hijos.
Ella ensimismada sucumbe ante la fuerte emoción
Y se abrazan fuertemente ella, él y sus hijos.

Los mellizos resultaron ser dos niñas hermosas
De cabello color rojizo como la madre.
Habían sacado los ojos verdes del padre
Y su tenue sonrisa piadosa.

Al padre le afectaba mucho no ver a sus mellizas
Pero poco lo demostraba.
Hasta que, una noche, la fuerza que tenía se hizo trizas,
al no poder ver el dibujo de la familia, hecho por su hija, que ella le mostraba.

Fue a su habitación en silencio.
Las lágrimas se precipitaban al suelo.
Se agarró el pecho fuertemente ya que el dolor era inmenso,
y le pasó por su mente una idea más fría que el hielo

Desenfundó el arma,
la apuntó directo a su sien,
cerró los ojos tan fuerte que vio su alma
Y aunque era poco creyente se escuchó un amén…

La esposa, al verlo,  gritó su nombre,
Sus hijas gritaron papá,
Esas palabras fueron suficiente para que aquel hombre
Alejara, bruscamente, aquel metal frío de su cráneo.

Las niñas corrieron hacia él y, el coro, le dijeron: 
Si no nos puedes contar cuentos, nosotros a ti sí
Si no puedes ver nuestros dibujos, los narraremos para ti
Si no puedes ver cuánto hemos crecido, te abrazaremos todos los días
Para que así puedas ver nuestro crecimiento.

La esposa se acercó a él y le dijo con una sonrisa:
Eres el mismo hombre con el que me casé.
Y no fueron con los ojos que perdiste con los cuales te enamoraste de mi.
Así que quiero que sepas que pase lo que pase
ni siquiera la muerte me alejará de ti.

El hombre se llena de lágrimas de felicidad
y, entre lágrimas,  abrazó a su familia con la fuerza que le quedaba.
Pidió disculpas, a su esposa, por no charlar con ella lo que por su mente pasaba

Y  abrazó a sus niñas por primera vez hasta la eternidad.

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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.