Aquí estoy yo de nuevo, esperando peras del Olmo.
Buscando con calma hasta el colmo.
Pasando hambre de consuelo
mientras estoy a la espera
de la paz de aquellas peras.
Y ojala supiera
que rimo en frases cortas
para no cortar lo que pudiera.
He tocado mil veces el mismo tiembre esperando que suene distinto.
Entonces ¿En qué se diferencia el loco del persistente?
Si la paciencia perfora la piedra, es la virtud del insistente.
En caso contrario, decimos que no hay peor ciego
que aquel que desea mantenerse invidente.
El miedo que te mantiene abstinente materializa tus miedos.
No obras por miedo a obrar
y la falta de obras es tú peor miedo.
Supongo que no hay angustia más sincera que aquella que teme al resultado
ya que amarra al iniciado
y condiciona el camino.
Supongo que no hay angustia más terrible que la anacrónica
porque adoleces en el presente de algo que lleva tiempo ya pasado.
Y pretendo terminar estos versos de forma burda
para así intentar emular la misma sensación absurda
que me causa la espera de algo distinto.
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