para dejar de pensar algo en concreto.
Sin embargo, apoyar suavemente mi cabeza en el concreto
es el consuelo que tengo cuando no hay nadie.
Estar solo es complicado.
Sentirse solo es devastador...
Es deprimirte entre bocados
porque el tiempo es limitado
y de alguna u otra manera eres un trabajador.
Consigo apoyo cuando mis codos se apoyan en mis piernas
y mis palmas me cubren los ojos.
Mis palmas terminan siendo el caudal de mi alma,
alma que se me sale por la ventana que todos miran.
Me dejaron de importar las rimas.
Sin embargo de una u otra manera sigo rimando.
Tengo heridas de las cuales no hablo por grima
y creo que es por eso me las cicatrizo tatuando.
Tengo heridas que no terminan de sanar.
Su partida cuando más necesitaba apoyo
me dejó con una impermeable soledad
que por razones obvias no se apacigua cuando lloro.
Tengo heridas que no sanan con llanto;
Tengo heridas que me hacen llorar tanto
que si las lágrimas fuesen la sangre del alma
hubiese muerto desde quien sabe cuando.
Tengo heridas que me hacen querer amputarme el llanto,
para cambiar de cada cuanto...
o quizás sólo porque no sé lidiar con tanto.
Esta herida fue dejar a naufragio
una embarcación que venía golpeada.
Esta herida fue saber que el único apoyo de la embarcación
son las dos palmas que son el caudal de mi alma.
Esta cicatriz es saberse sensible a confiar en el otro.
Esta cicatriz es el recordatorio de alguien a quien amaba
y por decisión
escogió el tipo de calma
en donde se alejaba del otro.
Esta es una cicatriz que todavía sangra.
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