Mis pesadillas compiten para ver cuál es más dolorosa,
angustiosa.
Tanto que a veces siento que desestructuran mis versos
para volverlos prosas.
Y, por más inaudito que suene la cosa,
mis sentimientos se han vuelto en sí una zona escabrosa
en la que cualquier pequeño agujero se vuelve fosa,
análogo a la extensión de la terminación de este verso.
Tengo un podio de pesadillas semanales
y muchos competidores.
Tengo atletas de élite
causándome taquicardia por su (mi) buen desempeño.
Tengo angustias vicerales
que acosan mis dolores.
Tengo gourmets en deleite
incendiándome con agua y aceite,
haciendo platillos para comensales...
Y, lo más angustioso, es que despertar
implica empezar posibles nuevos dolores.
Sin mucho empeño
me convertí en el hogareño aislado del exterior.
Estos atletas me angustian despierto, mientras descanso, mientras sueño,
y ya ni sé qué es peor.
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