al uso y desuso
del genio que se alejaba del teclado.
Es el tiempo de un yo desbloqueado
que había sido amarrado
y que se movió de donde él mismo se puso.
Náuseas por un estupor inenarrable,
por una molestia inefable,
por una credulidad inflamable
ante cualquier chispa de historia contable.
Chispa de cualquier historia que ignita en vida, ajena,
y que parece llegar sin importar el cómo.
Historia ajena que llegó tanto a las venas
que parece que me intoxicó con plomo
y ahora el sistema circulatorio pesa el doble.
Circulación que rompe huesos
y tuerce cartílagos...
Y solo quedan tiempos y secuelas de intoxicación ignorante
vía parlante
que me estrangulaba hasta matarme
y, como aquel que ignora, desconocía el motivo de su asfixia.
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