es la misma que se traquea los dedos para liberar estrés,
la misma mano que se le cae el café
y la misma que empieza y concluye peleas.
Esa que quiere deformar el espacio
del cielo y del cielo raso.
Ese que transforma el espacio de tu puerta en astillas,
esa que te tapa la boca para evitar que salga saliva,
ese que te ayuda a ingerir tu comida,
esa que sostiene tu cabeza cuando ya tu cuello está agotado.
Son aquellas manos que recoge agua de ríos,
posos,
ojos,
y causas perdidas.
Esas manos que me recuerdan que la vida es actualmente dolor
porque de otra manera quizás lo ignoraría.
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