Conveniente extraño a parte mi país.
¿Pero, cómo no?
¿Quién puede juzgarme por extrañar su
comida
pero no el gobierno?
¿Quién podría juzgarme por extrañar sus calles
pero no los huecos?
¿Quién podría juzgarme por desconocer los
inviernos
al vivir toda mi vida en un valle?
¿Quién podría juzgarme por añorar la caída
de un totalitarismo que me hizo crecer en
añicos?
Bueno...obviamente ustedes podrían.
Conveniente separo lo bueno de lo malo.
Lo comestible de lo podrido,
lo digerible de lo vencido...
Quizás lo malo fue que me di por vencido
cuando ya no podía digerir la realidad país.
Si embargo, te pregunto
¿Te atreves a juzgarme por llorar mi ida
y despertar creyendo que regresé ?
Pesadilla y añoranza,
de un país que idealicé
por la esperanza de que quizás, en otra vida,
no emigré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario