Hubo un desaparecido
y en el pueblo nadie tuvo permitido
llorar.
Hubo un cielo caído,
y a pesar del ruido,
era inútil esquivar.
Aquel desaparecido
por el bien de los familiares
se le decidió velar.
Solo que los familiares sabían que era un ataúd vació
lleno de cuerpos florales
porque no se sabía donde el cuerpo podría estar.
Saber sí era un cuerpo vivo o en muerte,
caminante o inerte,
en su finitud o en su para siempre.
Se decidió velar a un desaparecido
porque se pensó que eso calma podía dar.
Y al no tener el cuerpo del perdido
solo queda escoger uno de los dos estados para así poder avanzar.
El caso de un desaparecido
siempre resulta complicado.
Es difícil saber si ese velorio fue para un vivo perdido
o un muerto no hallado.
Todo aquel que pueda entender la magia de las palabras que aquí les dejo merece el título de rey. Ya que, entender mi magia es un lujo y , por supuesto, es el lujo que tiene por título este espacio.
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