sábado, 15 de octubre de 2016

Libro

La sinceridad del hombre no altera las vicisitudes
de los incesantes ataudes
llenos de actitudes, y aptitudes,
inertes. Culpa de actos inmorales y unas cuantas virtudes.
Sería magnífico, y terrorífico,
mantener este escenario cíclico
en una especie de libro que pregone un mundo de matriz pacífico.
Un libro de libre interpretación y con un fin poco ecuménico.
Incluso sería hasta práctico,
mantener un supuesto lenguaje pragmático,
para que se escurra como hormiga en casa,
un paradigma dogmático en las mentes poco críticas.
Dónde la cuestión es no cuestionar el autoproclamado axioma,
y vender los tulipanes como narcisos;
el miedo como amor. Y catalogar al incrédulo como incompetente en caso de críticas.

Pero vaya, no es como si se haya creado una institución
que rija y tenga más poder que una nación,
basado solo en escrituras cíclicas, 
con escrituras poco pacíficas,
con alguien que ha creado hasta la misma destrucción.
No es como si estuviésemos hablando de la biblia, o de algún Dios en cuestión.

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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.