domingo, 15 de marzo de 2015

Una tarde inefable

Hoy tuve el placer de leer
unas palabras dignas de alabanza.
Recuperen toda esperanza
por lo que están a punto de ver.

Era una tarde de arrebol
con la naturaleza como tenor
y un banquillo al lado de un árbol.

Era una paz inefable
con un escenario de árboles de apariencia inmarcesible.
La vida, mi finita vida, me brindaba imágenes tan apacibles
que me hacían sentir una paz inconmensurable.

El movimiento de los árboles era glorioso
mi vista me mostraba un paisaje iridiscente.
El tiempo sólo se podía medir en gozo.
El habla y los sonidos, sólo venían del ambiente.

No pensé en lo efímero de la vida.
Eso estaba mas allá de mi comprensión en ese momento.
Ahora , por ser ahora, diría que lo siento,
pero siento que le faltaría el respeto al momento que viví en la deriva.

Parecía no tener rumbo
aunque en aquel abrir y cerrar de ojos me encontraba sentado.
En aquel momento no me importaba si la vida seguía dando sus tumbos
en ese momento, mientras fuera ese momento, yo estaba fascinado.

Ahora ese momento me eriza la piel.
Ahora ese momento me saca lágrimas.
Sé que ese momento lo voy a perder
pero eso será cuando deje este mundo y me vuelva uno con las ánimas.

Diurno se tomó un descanso
Nocturno cerró el ocaso
El calor irreverente se torno manso
y ¿Yo? Bueno, yo sólo estoy cumpliendo mi plazo.

Era un paisaje etéreo
fuera de cualquier criterio.
Al caer la noche, la luminiscencia cautivaba al espectador
y arropaba a todo aquel que estuviese durmiendo.

No recuerdo en momento en que cerré los ojos. Pero si recuerdo cuando los abrí
Fue una epifanía lo que sentí
y , en pocas palabras, fue una serendipía lo que viví.

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Amor

Tres tristes tragos tragué, Eres tú, es el otro, ya no sé.